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13/12/2018

Datos estremecedores: El 33,6% de los argentinos son pobres

Los nuevos datos acerca de la pobreza en la Argentina nos ponen ante el dolor más grande de nuestra vida como país. ¿Es posible que casi uno de cada cuatro ciudadanos no tengan sustento digno?.

En la Argentina ya hace mucho tiempo perdió sentido preguntar cual es el problema más agudo que la sociedad enfrenta. La inflación, la desocupación, la inseguridad, la falta de educación, la pobreza institucional, la corrupción, la violencia y la droga son diferentes gestos de una sola cara que nos devuelve el espejo de la historia, que supimos escribir con una constancia digna de alguna causa superior. Y que puede sintetizarse en el nombre de la pobreza…

Somos  un país potencialmente rico, pero nuestros estándares sociales son propios de uno sin bienes naturales ni calidad humana. Somos una rara mezcla de personas y circunstancias que pululan en el tiempo y en el espacio sin decidirse a emprender el camino de la virtud y resignadas -hasta felices- de vivir miserablemente teniendo todo para hacerlo alegremente.

La Universidad Católica Argentina (UCA) estimó hoy en 33,6% el índice de pobreza y en 6,1% el de indigencia para el tercer trimestre de este año.  De esta manera, para la UCA, la pobreza subió desde el 28,2% de un año atrás, lo mismo que la indigencia, desde un 5,7%, para el tercer trimestre de 2018, en ambos casos en porcentaje de personas.

Cuatro de cada diez argentinos viven sin obtener las condiciones mínimas para su sustento. Una cifra escalofriante que debería hacer que comprendiésemos que hemos llegado al dramático piso de la peor decadencia.

Deberíamos…pero seguramente no vamos a hacerlo.

Estamos demasiado entusiasmados con la grieta, con los enfrentamientos, con las peleas estériles que empujan a una división sin sentido en la que hoy la mitad de la población padece el atropello de la otra mitad que, justo es decirlo, hasta no hace mucho se regodeaba también en el pináculo de la soberbia. Porque no son los gobernantes los que agrandan la grieta; somos nosotros, los que preferimos gozar frente a la angustia ajena antes que tomar la decisión de sufrir lo que haga falta hasta lograr el bienestar del conjunto.

El mundo no puede entender, aunque se preocupa desde siempre en hacerlo. Nosotros tampoco comprendemos, pero la verdad es que ello no nos importa nada.

En esta decadencia sostenida, que se acentuó con gobiernos populistas, liberales, democráticos y militares, queda expuesta la miseria moral de un conjunto de seres humanos amantes del facilismo, de la prebenda y de la búsqueda del éxito por el camino más corto. No es entonces el imperialismo, ni el colectivismo, ni los radicales ni los peronistas...somos nosotros los únicos dueños y responsables de tanta estupidez y miseria humana.

Nuestros padres hablaban de un futuro mejor para nosotros, pero nada hicieron para lograrlo; nosotros repetimos nuestros buenos deseos para nuestros hijos, pero seguimos sin mover un dedo para conseguir los resultados necesarios. Somos mentirosos y a la vez ingenuos…creemos que siempre habrá tiempo para hacer las cosas mejor.

Aunque en el camino los jóvenes emigren o se droguen o fracasen o nos señalen con el dedo acusador que nos recuerda nuestras claudicaciones.

Y aunque millones de argentinos lleguen al final del día sin comida, sin trabajo y sin esperanzas. Lo que supone el más grande dolor que pueda transitar una nación.

Hasta una que no se da cuenta de nada….

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